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Rosácea: su impacto en la calidad de vida y por qué el cuidado diario es clave

  • 22 abr
  • 2 min de lectura

En el mes de la concientización sobre la rosácea, especialistas destacan la importancia de reconocer sus signos, consultar a tiempo y sostener una rutina de cuidado adecuada para reducir brotes y mejorar la calidad de vida. 

 

Montevideo, abril 2026. La rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que se manifiesta principalmente en la zona central del rostro. La evidencia más reciente estima que afecta a alrededor del 5% de la población adulta a nivel global.  

 

El último estudio internacional publicado por el Journal of the American Academy of Dermatology, realizado con 50.552 personas mayores de 16 años en 20 países, estimó una prevalencia global de 5,1%. Ese dato va en la misma línea que una revisión sistemática previa, que había ubicado la prevalencia en 5,46% de la población adulta. 


La Academia Americana de Dermatología señala que se trata de una condición frecuente, con signos que pueden incluir enrojecimiento persistente, brotes similares al acné, sensibilidad cutánea, vasos visibles e incluso compromiso ocular. 


Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud y distintos organismos internacionales reconocen que las enfermedades de la piel, en conjunto, afectan a una proporción significativa de la población mundial y constituyen una de las principales causas de malestar, estigmatización y deterioro de la calidad de vida. 


Desde una perspectiva de salud pública, la rosácea forma parte de un conjunto de enfermedades cutáneas crónicas que suelen estar subdiagnosticadas, especialmente en regiones como América Latina. La falta de reconocimiento temprano y de información confiable puede retrasar la consulta médica y el inicio de un manejo adecuado, aumentando el impacto de la condición en el bienestar general y en el sistema de salud. 

 

“La rosácea es una condición crónica que muchas veces se subestima o se confunde con otros problemas de la piel. Reconocer sus signos tempranos y consultar a tiempo permite establecer un abordaje adecuado y reducir el impacto que puede tener en la vida cotidiana de los pacientes, tanto a nivel físico como emocional.” Dra. Gabriela Pisorno, Dermatóloga. 


Si bien no tiene cura definitiva, la rosácea puede ser controlada con diagnóstico médico, tratamiento adecuado y una rutina de cuidado adaptada a la sensibilidad de la piel. En ese sentido, el cuidado cotidiano cumple un rol relevante. La limpieza suave, la hidratación y la fotoprotección diaria forman parte de una estrategia que puede contribuir a mantener la barrera cutánea, mejorar la tolerancia de la piel y ayudar a reducir brotes.  

 

Por su parte, María Emilia Pena, Comunicadora Científica de La Roche Posay menciona que “Desde la investigación en dermocosmética, el foco está puesto en comprender los mecanismos biológicos que explican la alta reactividad de las pieles con tendencia a la rosácea. En los últimos años, hemos sido pioneros en la investigación de la ciencia del microbioma, lo que ha permitido desarrollar soluciones específicas para amplias patologías como: péptidos calmantes que ayuda a reducir la sensibilidad y generar un alivio inmediato así como postbióticos que reequilibran el microbioma, refuerzan la barrera cutánea y reducen las rojeces. Este conocimiento científico aplicado al cuidado diario es clave para acompañar, de forma sostenida, a las personas que conviven con esta condición en su vida cotidiana.” 


Visibilizar la rosácea, entender cómo se manifiesta y reforzar la importancia del cuidado diario puede ayudar a que más personas consulten a tiempo y encuentren herramientas para transitar mejor esta condición. 


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