La ciencia detrás de la piel “cultivada” para probar productos sin experimentar con animales
- anaclarapaz78
- hace 22 horas
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En un laboratorio, dentro de incubadoras que reproducen la temperatura y la humedad del cuerpo humano, se desarrolla un tejido vivo que hasta hace pocas décadas pertenecía al terreno de la ciencia ficción: piel humana creada fuera del cuerpo. El objetivo es responder a la necesidad de evaluar la seguridad de productos y sustancias sin recurrir a la experimentación con seres vivos.
Esta piel reconstruida se utiliza hoy en estudios científicos y universidades para analizar la seguridad y la eficacia de ingredientes cosméticos, productos químicos, medicamentos, materiales escolares y dispositivos médicos. Su valor reside en que reproduce con gran fidelidad el comportamiento de la piel humana frente a distintos estímulos, ofreciendo resultados relevantes para el posterior uso en personas.
“Es una herramienta científica muy precisa, porque imita de forma confiable la fisiología de la piel humana, además permite obtener información más pertinente para la seguridad humana y avanzar hacia una ciencia más ética”, explica Vanja Dakic, gerente de Episkin en Brasil. Cabe resaltar que hace más de cuatro décadas, el grupo L’Oréal fue pionero en desarrollar esta innovación, convirtiéndose en referencia global en enfoques “cruelty-free” o libres de crueldad.
La fabricación de estos tejidos comienza con células humanas reales. Se utilizan queratinocitos obtenidos de fragmentos de piel descartados durante cirugías plásticas, siempre con el consentimiento libre e informado de los donantes. Estas células se aíslan y se conservan en bancos celulares, y luego se cultivan sobre soportes especiales, en un medio químicamente definido, bajo condiciones estrictamente controladas.
Durante varias semanas, los tejidos se desarrollan en incubadoras que simulan el ambiente del cuerpo humano. Cada lote producido atraviesa rigurosos controles de calidad que evalúan su viabilidad, su función de barrera y su estructura microscópica, siguiendo directrices internacionales validadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Aunque la estructura de esta piel es muy similar a la de la piel humana real, no es idéntica. Carece de algunos anexos complejos, como folículos pilosos, glándulas sudoríparas y sebáceas, o vasos sanguíneos. “Existen distintos modelos, con diferentes niveles de complejidad, y cada uno tiene aplicaciones específicas”, aclara Dakic. “Su uso es exclusivamente para investigación y pruebas in vitro; no tiene finalidad terapéutica”.
El manejo del tiempo es uno de los grandes desafíos de esta tecnología. Es que, desde que el tejido está listo, su vida útil es de apenas una semana. En ese breve lapso debe ser transportado y utilizado por los investigadores. “Trabajamos con material vivo, lo que exige una logística extremadamente precisa”, señala Dakic. “Pero hemos desarrollado la capacidad de responder a esa exigencia sin comprometer la calidad científica”.
Más allá de su aplicación en la industria cosmética, estos modelos son herramientas clave en el ámbito académico. Permiten estudiar el funcionamiento de la piel, comprender enfermedades como la dermatitis atópica, analizar la función de barrera cutánea, investigar el microbioma, la cicatrización de heridas y la interacción entre la piel y el ambiente. También son fundamentales para el desarrollo y la validación de nuevos métodos científicos.
Uno de los aportes más importantes de esta tecnología es su contribución a la reducción y reemplazo de las pruebas en animales. Los modelos de epidermis y de córnea humanas reconstruidas permiten evaluar irritación y corrosión cutánea y ocular, ensayos que durante décadas dependieron de animales. Al estar basados en tejido humano, ofrecen resultados más relevantes para la seguridad de las personas.
Por otro lado, permite recrear distintos tipos de piel, modelos pigmentados y otros que simulan una barrera cutánea fragilizada, lo que abre nuevas posibilidades para estudiar mecanismos de envejecimiento y determinadas patologías.




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